sábado, 25 de junio de 2011

Cierre de listas y el síndrome del pato rengo

El vertiginoso cierre de listas y los nombres que comienzan a definirse para cada uno de los puestos, permite empezar a aventurar algunas lecturas sobre la estrategia oficial. La obsesión que tenía Néstor sobre el síndrome del “lame duck” y las dificultades que supone una reelección sin posibilidades de renovar el mandato, parece ser compartido por su socia política y actual conductora del proyecto nacional. Lejos de las visiones elucubradas por algunos inocentes que distorsionan la realidad según sus deseos, la Presidenta no ha diseñado su dispositivo electoral pensando sucesiones en futuros lejanos, sino que ha priorizado la garantía de gobernabilidad durante su mandato. La volatilidad del humor popular, que CFK más de una vez ha mencionado en sus discursos, y el temor a un nuevo escenario como el de la 125 pero esta vez agravado por la imposibilidad de ser reelegida, son las razones que guiaron el armado de listas y probablemente hayan sido los motivos más concretos por los cuales la Presidenta dudó en algún momento, si es que lo hizo, de presentarse a un nuevo mandato.

En este sentido, fallarán los análisis que pretendan ir más allá de la Lealtad (valor básico para la comprensión del hacer política del peronismo)  y pretendan descifrar en las últimas decisiones de la Presidenta supuestos corrimientos hacia la izquierda, la derecha o el centro. La lapicera roja de Zanini fue inclemente para Scioli, pero también lo fue para Moyano e incluso para Sabbatella, es decir, para todo lo que no sea tropa propia.

Como se explica con inteligencia en este post de Gerardo Fernández, el amague de Capitanich estuvo orientado a disciplinar a Scioli y obligarlo a aceptar compartir fórmula con Mariotto. En otras palabras, una negociación en donde se intercambió gobernabilidad por capacidad de legado. El criterio es comprensible, desde que para lo segundo siempre habrá tiempo y, en cualquier caso, jamás será posible si no se garantiza lo primero.

Quedarán para evaluar los riesgos de los que no está exenta esta estrategia. Más allá de los heridos que siempre quedan tras un cierre de listas, lo cierto es que el armado ha terminado siendo tan orgánico que tal vez pueda llegar a pecar de sectario. Los más cercanos no sólo son los más fieles al proyecto y al liderazgo de Cristina, también están allí varios otros que han escondido bajo las faldas de la Presidenta su incapacidad para la construcción de una fuerza territorial propia. De la misma manera, la carencia en este grupo de confianza de un exponente que reúna un capital electoral interesante puede ser una garantía de lealtad, pero es probable que al mediano plazo se revele también como una insuficiencia importante.   

De cualquier manera, más allá de las especulaciones lo único claro hoy es que las últimas decisiones de Cristina suponen la apertura de un nuevo escenario, en donde el único error sería el de menospreciar las dificultades de los desafíos que se nos avecinan, en esta dichosa etapa histórica en la que tenemos el lujo de participar.

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